Naïve
Alguna vez quise, desee, pero la vida me mostró cientos de veces que no invirtiera en el amor y las personas me mostraron que la amistad es lo máximo a lo que se puede aspirar en un mundo donde la superficialidad es un verbo inconciente en el actuar humano. Una noche cuando bajé la guardia, creí ver aquello que solo estaba escrito en los cuentos, una persona distinta al resto, una persona que también había pasado por un campo de rosales y sin importar las heridas, sonreía solo con el recuerdo de las rosas. No quería mirar, pero su imagen ya había pasado mi campo de visibilidad. El tiempo pasó y vi más sobre aquél misterio ambulante, y a pesar de las advertencias me dí el lujo de sentir lo me que había prometido no sentir nunca más. Una voz en mí me pidió otra oportunidad, y dentro de mi ingenuidad se la dí. Sin buscar sentir encontré los pedazos de un corazón roto en una caja polvorienta, intenté componerlos con algo de adhesivo, no era lo más adecuado pero quería intentarlo. Al cabo del tiempo los hechos me mostraron que una parte de mi tenía razón, sentir es un lujo de pocos, y aquel corazón que intenté reparar estaba otra vez en mil pedazos ya sin deseos de bombear más sangre. Y otra voz en la parte trasera de mi mente dijo: La soledad no es tan mala, te abre los ojos, mientras el amor te ciega. Y ahora me doy cuenta que nunca, a nadie, he dicho Yo también te amo.
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